Roberto Trashorras, el faro de Vallecas




Cuando pisas el campo del Rayo te fijas en el fondo poblado de bukaneros, después en el césped y siempre en Roberto Trashorras. En algunos partidos solo le ves a él, incluso caminas a su lado, siguiendo el trasiego de sus botas. Le escuchas chillar y enfadarse de esa manera tan gallega, con el árbitro, el tiempo y sus compañeros. En ocasiones conduce el balón mientras se queja, siempre pegado a él y en contacto con sus piernas peludas.tra




El de Lugo no para de regatear, tan lento que parece inofensivo, tan elegante que le dejan pasar, por cortesía. Y luego centra al compañero mejor colocado, en el momento preciso, como si lo llevase escrito en la muñeca y apuntado dentro de su cabeza. Trashorras organiza a los suyos y a los otros, es mediocentro y la brújula de una franja que navega torcida.

La travesía de Trashorras

Nació en la Masía pero es de un hospital lucense, donde le enseñaron la tranquilidad. En Barcelona aprendió a jugar al fútbol. Su técnica exquisita le llevó a la delantera, para enviarla directa al gol, aunque alguien se dio cuenta de que aquella no era su posición. Le retrasaron al mediocampo, donde podía andar a sus anchas, conduciendo la pelota y mirando a los demás. Róber es un enclenque al que nadie le quita el balón. Superó los cursos darwinianos de la escuela culé, en la que no llegan los mejores sino los más adaptados, y debutó en Primera División.

Jugó varios partidos con el Barça pero no encontró a la suerte, sus entrenadores no contaron con él y en plena morriña decidió fichar por el filial del Real Madrid, tras charlar melosamente con Jorge Valdano. En la capital del reino, Trashorras tampoco triunfó. Fracasó en los dos equipos más pujantes del mundo. Y después de ello, quiso empezar de cero, desde el otro lado del fútbol. El gallego quería esconderse de los ricos y eligió vivir en Soria, donde defendió el escudo del Numancia. Allí lució de nuevo, marcó goles y dio miles de pases, adueñándose de la Segunda División.

fotografia-roberto-trashorras-etapa-barca-1434564619328Roberto Trashorras en su etapa en el FC Barcelona || Fuente: Diario Sport

Por su notable rendimiento le llegó una oferta desde Canarias, y para zafarse del frío de la Siberia española, firmó por la UD Las Palmas. De amarillo siguió ascendiendo y los gallegos quisieron que volviera a casa. El Celta de Vigo le fichó para que Roberto tuviese un reencuentro celeste con sus paisanos. Conocía cada rincón de la Segunda División y no había provincia que Trashorras no atravesara con sus pases. Vivió varias campañas en Vigo y por fin le devolvieron la oportunidad de pasear por la liga más alta. El Rayo Vallecano le contrató y el lucense se asentó en el centro de su estadio. Allí mismo le conocen como el Xavi de los pobres, reparte goles a las botas más humildes de la Liga y se enfada con el honor de quien juega tranquilo.

Roberto Trashorras, tras cinco temporadas en el pico de la élite, ha descendido con el club de Vallecas, en el que es capitán y portavoz del vestuario ante los Bukaneros, con los que habla de césped a grada al terminar cada partido. El 10 ha rechazado ofertas de equipos de Primera División de España y el resto del mundo, de la misma manera que Madrid y Barça le negaron. Porque Roberto se encaprichó del otro lado del fútbol, del cariño de la afición, de la responsabilidad y de sentirse valorado. Porque a Roberto, como a Messi, también le permiten jugar andando, no por pereza sino por talento. Le necesitan tanto que buscaron a su réplica hasta ficharle dos veces, con Jozabed y Comesaña. El 10 de Galicia vuelve a Segunda con las mismas cejas de siempre, en paz y calma con su fútbol y su mente. Con 35 años y las piernas más peludas, pero también más elegantes. Atravesado por un rayo rojo y un barrio ardiente.

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